PREFACIOS

 

[Santos] [ San José] [Santos consagrados] [Pastores] [Santos religiosos] [Doctores] [Común de la Virgen] [Mártires] [Ángeles] [Apóstoles  1,  2] [ Prefacio dominical I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII] [Vírgenes ] [ [Difuntos I, II, III, IV, V] [Eucaristía] [Santa Cruz] [Jesucristo sumo y eterno Sacerdote] [Espíritu Santo] [Santísima Trinidad] [Común 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9] [Dedicación de una Iglesia] [Sagrado Corazón de Jesús]

 

 

 



Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere:Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus:

Qui in Sanctórum concílio celebráris,et eórum coronándo mérita tua dona corónas.Qui nobis eórum conversatióne largíris exémplum,et communióne consórtium, et intercessióne subsídium;ut,  tantis téstibus confirmáti,ad propósitum certámen currámus invíctiet  immarces- cíbilem cum eis corónam glóriæ consequámur,per Christum Dóminum nostrum.

Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cumque multíplici congregatióne Sanctórum, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:

Prefacio de Santos

 

En verdad es justo y necesario, nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque con la vida de tus santos, enriqueces a tu Iglesia con formas siempre nuevas de admirable santidad, y nos das pruebas indudables de tu amor por nosotros; y también, porque su ejemplo nos impulsa y su intercesión nos ayuda a colaborar en el misterio de la salvación.

Por eso, ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y santos diciendo:

 

 

 

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Prefacio Santos Consagrados

La vida consagrada a Dios es un signo Del Reino de los cielos

 

En verdad es justo y necesario que te alaben, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra.

Porque al celebrar a los santos que por amor al Reino de los cielos se consagraron a Cristo, reconocemos tu Providencia admirable, que no cesa de llamar al hombre a la santidad primera, para hacerlo participar ya desde ahora de la vida que gozará en el cielo, por Cristo, nuestro Señor.

Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:

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Común de Pastores

 

Los santos pastores siguen presentes en la Iglesia

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque permites que tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de san NN: para animarnos con el ejemplo de su vida, instruirnos con su palabra y protegernos con su intercesión. Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:

 

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San José

Prefacio

Misión de san José

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la solemnidad de san José, el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios, el fiel y prudente servidor a quien constituiste jefe de tu familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu Hijo unigénito, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, nuestro Señor.

Por él,

los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

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Santos religiosos

 

Prefacio

 

En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Porque tu gloria resplandece en cada uno de los Santos, ya que, al coronar sus méritos, coronas tus propios dones. Con su vida, nos proporcionas ejemplo; ayuda, con su intercesión, y por la comunión con ellos, nos haces participar de sus bienes, para que, alentados por testigos tan insignes, lleguemos victoriosos al fin de la carrera y alcancemos con ellos la corona inmortal de la gloria, por Cristo, Señor nuestro. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con la multitud de los santos, te cantamos un himno de alabanza diciendo sin cesar:

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Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. El no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige hombres de este pueblo para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos. Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darle así testimonio constante de fidelidad y amor. Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos, cantamos tu gloria diciendo.

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Doctores

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque permites que tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de san NN., para animarnos con el ejemplo de su vida, instruirnos con su palabra y protegernos con su intercesión. Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:

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Mártires

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque la sangre de los gloriosos mártires N., y N., derramada como la de Cristo para proclamar su fidelidad a ti, manifiesta tu admirable poder, que convierte la fragilidad en fortaleza y al hombre débil robustece para que sea testigo tuyo. Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:

 

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Virgenes

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario que te alaben, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra. Porque al celebrar a los santos que por amor al Reino de los cielos se consagraron a Cristo, reconocemos tu Providencia admirable, que no cesa de llamar al hombre a la santidad primera, para hacerlo participar ya desde ahora de la vida que gozará en el cielo, por Cristo, Señor nuestro. Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:

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Dedicación de una Iglesia

Prefacio

 

En verdad es junto y necesario, es nuestro deber y salvación, date gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque en esta casa visible que hemos construido, donde reúnes y proteges sin cesar a esta familia que hacia ti peregrina, manifiesta, y realizas de manera admirable el misterio de tu comunión con nosotros. En este lugar, Señor, tú vas edificando aquel templo que somos nosotros, y así la Iglesia, extendida por toda la tierra, crece unida, como Cuerpo de Cristo, hasta llegar a ser la nueva Jerusalén, verdadera visión de paz. Por eso, Señor, te celebramos en el templo de tu gloria, y con todos los ángeles te bendecimos y te glorificamos, diciendo:

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Santísima Trinidad

 

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad. A quien alaban los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz:

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Eucaristía

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro, verdadero y único sacerdote. El cual, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya. Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

 

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Sagrado Corazón de Jesús

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, con amor admirable, se entregó por nosotros, y elevado sobre la cruz hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al Corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de la fuente de la salvación. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

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Santa Cruz

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales, celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociamos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:

 

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Espíritu Santo

Prefacio

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque él, después de subir al cielo, donde esta sentado a tu derecha, ha derramado sobre tus hijos de adopción el Espíritu Santo que había prometido. Por eso, Señor, con todos los ángeles te aclamamos ahora y por siempre, diciendo:

 

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Angeles

 

Prefacio

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabarte, celebrando a tus ángeles y arcángeles, ya que el honor que tributamos a los que te fueron fieles, redunda en tu gloria y proclama tu grandeza; pues, si es digna de admiración la criatura angélica, lo es inmensamente más aquel que la creó, por Cristo, Señor nuestro. Por él, adoran tu majestad todos los ángeles, y nosotros, a una con ellos, te adoramos llenos de júbilo diciendo:

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Difuntos I

Prefacio de Difuntos I

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. En el cual resplandece la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Pues, para quienes creemos en ti, Señor, la vida se transforma, no se acaba; y disuelta nuestra morada terrenal, se nos prepara una mansión eterna en el cielo. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

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Prefacio de Difuntos II

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien se dignó morir por todos, para librarnos a todos de la muerte; es más, quiso morir, para que todos tuviéramos la vida eterna. Por eso, unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría:

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Prefacio de Difuntos III

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. Porque él es la salvación del mundo, la vida de los hombres y la resurrección de los muertos. Por él, los ángeles, que gozan de tu presencia, eternamente te adoran; permítenos unirnos a sus voces cantando jubilosos tu alabanza:

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Prefacio de Difuntos IV

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque una decisión tuya nos da la vida; tus decretos la dirigen, y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos devuelve a la tierra de la que salimos. Y porque a los que hemos sido redimidos por la muerte de Cristo, por esa misma voluntad soberana nos llamas a participar de su gloriosa resurrección. Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:

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Prefacio de Difuntos V

 

En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Pues, si morimos por haberlo merecido, es obra de tu misericordia y de tu gracia el que seamos llamados a la vida con Cristo. Por el pecado morimos, mas, por la victoria de tu Hijo, fuimos redimidos. Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros te proclamamos en la tierra, diciendo sin cesar:

 

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Prefacio dominical I. 

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las tinieblas a tu luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

 

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Prefacio dominical II. 

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo la cruz, nos libró de eterna muerte, y, resucitando, nos dio vida eterna. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

 

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Prefacio dominical III. 

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo haber socorrido nuestra débil naturaleza con la fuerza de tu divinidad, sino haber provisto el remedio en la misma debilidad humana, y de lo que era nuestra ruina haber hecho nuestra salvación, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles te cantan con júbilo eterno, y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza.

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Prefacio dominical IV. 

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza caída; con su muerte, destruyó nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y en su ascensión, nos abrió el camino de tu reino. Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar.

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Prefacio dominical V. 

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo entero, estableciste el continuo retorno de las estaciones, y al hombre, formado a tu imagen y semejanza, sometiste las maravillas del mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la creación y, al contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar.

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Prefacio dominical VI

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. En ti vivimos, nos movemos y existimos; y, todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos. Por eso, Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los ángeles.

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Prefacio dominical VII. 

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso que no sólo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo, sino que en todo lo quisiste semejante al hombre, menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que amabas en él. Con su obediencia has restaurado aquellos dones que por nuestra desobediencia habíamos perdido. Por eso, ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos diciendo.

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Prefacio dominical VIII

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has querido reunir de nuevo, por la sangre de tu Hijo y la fuerza del Espíritu, a los hijos dispersos por el pecado; de este modo tu Iglesia, unificada por virtud y a imagen de la Trinidad, aparece ante el mundo como cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, para alabanza de tu infinita sabiduría. Por eso, unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría.

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Apóstoles I

 

Los apóstoles, cimientos de la Iglesia y testigos de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque cimentaste tu Iglesia sobre la roca de los Apóstoles, para que ella fuera en el mundo signo permanente de tu santidad y anunciara a los hombres tu mensaje de salvación. Por eso, con todos los ángeles y llenos de profunda devoción, te alabamos ahora y siempre diciendo:

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Apóstoles II

 

Los apóstoles, pastores del pueblo de Dios

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso, Pastor eterno.

Porque no abandonas nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos apóstoles, lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio.

Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

 

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Común de la Virgen

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la (conmemoración, solemnidad, veneración) de Santa María, siempre virgen.

Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo y, sin perder la gloria de su virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.

Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:

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PREFACIO COMÚN I

 

EL UNIVERSO RESTAURADO EN CRISTO

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, Señor nuestro.

 

A quien hiciste fundamento de todo

y de cuya plenitud quisiste que participáramos todos.

Siendo él de condición divina

se despojó de su rango,

y por su sangre derramada en la cruz

puso en paz todas las cosas;

y así, constituido Señor del universo,

es fuente de salvación eterna

para cuantos creen en él.

 

Por eso,

con los ángeles y arcángeles

y con todos los coros celestiales,

cantamos sin cesar

el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

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PREFACIO COMÚN II

 

LA SALVACIÓN POR CRISTO

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

que por amor creaste al hombre,

y, aunque condenado justamente,

con tu misericordia lo redimiste,

por Cristo, Señor nuestro.

 

Por él,

los ángeles y los arcángeles

y todos los coros celestiales

celebran tu gloria,

unidos en común alegría.

Permítenos asociarnos a sus voces

cantando humildemente tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo...

 

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PREFACIO COMÚN III

 

ALABANZA A DIOS QUE NOS CREÓ Y NOS HA CREADO DE NUEVO EN CRISTO

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Porque has querido ser,

por medio de tu amado Hijo,

no sólo el creador del género humano,

sino también el autor generoso

de la nueva creación.

 

Por eso,

con razón te sirven todas las criaturas,

con justicia te alaban todos los redimidos

y unánimes te bendicen tus santos.

Con ellos, unidos a los ángeles,

nosotros queremos celebrarte

y te alabamos diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

 

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PREFACIO COMÚN IV

 

NUESTRA MISMA ACCIÓN DE GRACIAS ES UN DON DE DIOS

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Pues aunque no necesitas nuestra alabanza,

ni nuestras bendiciones te enriquecen,

inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias,

para que nos sirva de salvación,

por Cristo, Señor nuestro.

 

A quien alaban los ángeles y los arcángeles,

proclamando sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

 

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PREFACIO COMÚN V

 

PROCLAMACIÓN DEL MISTERIO DE CRISTO

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, Señor nuestro.

 

Porque, unidos en la caridad,

celebramos la muerte de tu Hijo,

con fe viva proclamamos su resurrección,

y con esperanza firme anhelamos su venida gloriosa.

 

Por eso,

con todos los ángeles y santos,

te alabamos, proclamando sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

 

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PREFACIO COMÚN VI

 

EL MISTERIO DE LA SALVACIÓN EN CRISTO

 

Este prefacio, tomado de la Plegaria eucarística II, se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias, Padre santo,

siempre y en todo lugar,

por Jesucristo, tu Hijo amado.

 

Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas;

nos lo enviaste

para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo

y nacido de María la Virgen,

fuera nuestro Salvador y Redentor.

 

Él, en cumplimiento de tu voluntad,

para destruir la muerte

y manifestar la resurrección,

extendió sus brazos en la cruz,

y así adquirió para ti un pueblo santo.

 

Por eso,

con los ángeles y los santos,

cantamos tu gloria diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

 

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PREFACIO COMÚN VII

 

CRISTO, HUÉSPED Y PEREGRINO EN MEDIO DE NOSOTROS

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo darte gracias,

Señor, Padre santo,

Dios de la alianza y de la paz.

 

Porque tú llamaste a Abrahán

y le mandaste salir de su tierra,

para constituirlo padre de todas las naciones.

Tú suscitaste a Moisés para librar a tu pueblo

y guiarlo a la tierra de promisión.

 

Tú, en la etapa final de la historia,

has enviado a tu Hijo,

como huésped y peregrino en medio de nosotros,

para redimirnos del pecado y de la muerte;

y has derramado el Espíritu,

para hacer de todas las naciones un solo pueblo nuevo,

que tiene como meta, tu reino,

como estado, la libertad de tus hijos,

como ley, el precepto del amor.

 

Por estos dones de tu benevolencia,

unidos a los ángeles y a los santos,

cantamos con gozo el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo…

 

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PREFACIO COMÚN VIII

 

JESÚS, BUEN SAMARITANO

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo. Especialmente es recomendable usarlo en el do­mingo XV del tiempo ordinario del año C y el lunes de la semana XXVII del tiempo ordinario.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo darte gracias

y deber nuestro alabarte,

Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,

en todos los momentos y circunstancias de la vida,

en la salud y en la enfermedad,

en el sufrimiento y en el gozo,

por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.

 

Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien

y curando a los oprimidos por el mal.

 

También hoy, como buen samaritano,

se acerca a todo hombre

que sufre en su cuerpo o en su espíritu,

y cura sus heridas con el aceite del consuelo

y el vino de la esperanza.

 

Por este don de tu gracia,

incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor,

vislumbramos la luz pascual

en tu Hijo, muerto y resucitado.

 

Por eso,

unidos a los ángeles y a los santos,

cantamos a una voz

el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo…

 

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PREFACIO COMÚN IX

 

LA GLORIA DE DIOS ES EL HOMBRE VIVIENTE

 

Este prefacio se dice en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.

 

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Tú eres el Dios vivo y verdadero;

el universo está lleno de tu presencia,

pero sobre todo

has dejado la huella de tu gloria

en el hombre, creado a tu imagen.

 

Tú lo llamas a cooperar con el trabajo cotidiano

en el proyecto de la creación

y le das tu Espíritu

para que sea artífice de justicia y de paz,

en Cristo, el hombre nuevo.

 

Por eso,

unidos a los ángeles y a los santos,

cantamos con alegría

el himno de tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo…