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sumo y eterno Sacerdote] [Espíritu Santo] [Santísima Trinidad] [Común 1,
2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9] [Dedicación de una Iglesia] [Sagrado Corazón de Jesús]
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En verdad es justo y necesario, nuestro deber y
salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Porque con la vida de tus santos, enriqueces a tu
Iglesia con formas siempre nuevas de admirable santidad, y nos das pruebas
indudables de tu amor por nosotros; y también, porque su ejemplo nos impulsa
y su intercesión nos ayuda a colaborar en el misterio de la salvación. Por eso, ahora nosotros, llenos de alegría, te
aclamamos con los ángeles y santos diciendo: |
La vida consagrada
a Dios es un signo Del Reino de los cielos
En verdad es justo y
necesario que te alaben, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra.
Porque al celebrar a
los santos que por amor al Reino de los cielos se consagraron a Cristo,
reconocemos tu Providencia admirable, que no cesa de llamar al hombre a la
santidad primera, para hacerlo participar ya desde ahora de la vida que gozará
en el cielo, por Cristo, nuestro Señor.
Por eso, con todos
los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:
Los santos pastores
siguen presentes en la Iglesia
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque permites que
tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de san NN:
para animarnos con el ejemplo de su vida, instruirnos con su palabra y
protegernos con su intercesión. Por eso, con los ángeles y los santos, te
cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Prefacio
Misión de san José
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y
proclamar tu gloria en la solemnidad de san José, el hombre justo que diste por
esposo a
Por él,
los ángeles y los arcángeles y todos los coros
celestiales, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Prefacio
En verdad es justo
darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Porque tu gloria
resplandece en cada uno de los Santos, ya que, al coronar sus méritos, coronas
tus propios dones. Con su vida, nos proporcionas ejemplo; ayuda, con su
intercesión, y por la comunión con ellos, nos haces participar de sus bienes,
para que, alentados por testigos tan insignes, lleguemos victoriosos al fin de
la carrera y alcancemos con ellos la corona inmortal de la gloria, por Cristo,
Señor nuestro. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con la multitud de los
santos, te cantamos un himno de alabanza diciendo sin cesar:
Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que constituiste a tu único
Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y
determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único
sacerdocio. El no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su
pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige hombres de este pueblo
para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión.
Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a
tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo
alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos. Tus sacerdotes,
Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van
configurándose a Cristo, y han de darle así testimonio constante de fidelidad y
amor. Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos, cantamos tu
gloria diciendo.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque permites que tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de san NN., para animarnos con el ejemplo de su vida,
instruirnos con su palabra y protegernos con su intercesión. Por eso, con los
ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque la sangre de los gloriosos mártires N., y N., derramada como
Prefacio
En verdad es justo y
necesario que te alaben, Señor, tus criaturas del cielo y de
Prefacio
En verdad es junto y
necesario, es nuestro deber y salvación, date gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque en esta casa visible que hemos construido, donde reúnes y proteges sin
cesar a esta familia que hacia ti peregrina, manifiesta, y realizas de manera
admirable el misterio de tu comunión con nosotros. En este lugar, Señor, tú vas
edificando aquel templo que somos nosotros, y así la Iglesia, extendida por
toda la tierra, crece unida, como Cuerpo de Cristo, hasta llegar a ser
Prefacio
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu único Hijo y el Espíritu
Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas
en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste,
lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia
ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna
Divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en
su dignidad. A quien alaban los ángeles y los arcángeles y todos los coros
celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz:
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro,
verdadero y único sacerdote. El cual, al instituir el sacrificio de la eterna
alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de salvación y nos mandó perpetuar
esta ofrenda en conmemoración suya. Su carne, inmolada por nosotros, es
alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que
nos purifica. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El
cual, con amor admirable, se entregó por nosotros, y elevado sobre la cruz hizo
que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los
sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al Corazón abierto del
Salvador, todos puedan beber con gozo de la fuente de
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has puesto la salvación
del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo origen la muerte,
de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol
vencido, por Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles y arcángeles, y todos
los coros celestiales, celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos
asociamos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él, después de subir al cielo, donde esta sentado a tu derecha, ha
derramado sobre tus hijos de adopción el Espíritu Santo que había prometido.
Por eso, Señor, con todos los ángeles te aclamamos ahora y por siempre, diciendo:
Prefacio
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabarte, celebrando a tus
ángeles y arcángeles, ya que el honor que tributamos a los que te fueron
fieles, redunda en tu gloria y proclama tu grandeza; pues, si es digna de
admiración la criatura angélica, lo es inmensamente más aquel que la creó, por
Cristo, Señor nuestro. Por él, adoran tu majestad todos los ángeles, y
nosotros, a una con ellos, te adoramos llenos de júbilo diciendo:
Prefacio de Difuntos
I
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. En
el cual resplandece la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque
la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura
inmortalidad. Pues, para quienes creemos en ti, Señor, la vida se transforma,
no se acaba; y disuelta nuestra morada terrenal, se nos prepara una mansión
eterna en el cielo. Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los
coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien se dignó morir por todos, para librarnos a todos de la muerte; es más,
quiso morir, para que todos tuviéramos la vida eterna. Por eso, unidos a los
ángeles, te aclamamos llenos de alegría:
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.
Porque él es la salvación del mundo, la vida de los hombres y la resurrección
de los muertos. Por él, los ángeles, que gozan de tu presencia, eternamente te
adoran; permítenos unirnos a sus voces cantando jubilosos tu alabanza:
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque una decisión tuya nos da
la vida; tus decretos la dirigen, y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos
devuelve a la tierra de la que salimos. Y porque a los que hemos sido redimidos
por la muerte de Cristo, por esa misma voluntad soberana nos llamas a
participar de su gloriosa resurrección. Por eso, con los ángeles y los santos,
te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
En verdad es justo darte
gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Pues, si morimos por haberlo
merecido, es obra de tu misericordia y de tu
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas. Por eso, con los
ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el
himno de tu gloria.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual,
compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo la
cruz, nos libró de eterna muerte, y, resucitando, nos dio vida eterna. Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque reconocemos como obra de
tu poder admirable no sólo haber socorrido nuestra débil naturaleza con la
fuerza de tu divinidad, sino haber provisto el remedio en la misma debilidad
humana, y de lo que era nuestra ruina haber hecho nuestra salvación, por
Cristo, Señor nuestro. Por él, los ángeles te cantan con júbilo eterno, y
nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza caída; con su muerte,
destruyó nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y en su ascensión,
nos abrió el camino de tu reino. Por eso, con los ángeles y los santos, te
cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque creaste el universo
entero, estableciste el continuo retorno de las estaciones, y al hombre, formado
a tu imagen y semejanza, sometiste las maravillas del mundo, para que, en
nombre tuyo, dominara la creación y, al contemplar tus grandezas, en todo
momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. A quien cantan los ángeles y los
arcángeles, proclamando sin cesar.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. En ti vivimos, nos movemos y
existimos; y, todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las
pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura,
pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del
Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos. Por eso, Señor,
te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los ángeles.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque tu amor al mundo fue tan
misericordioso que no sólo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo, sino
que en todo lo quisiste semejante al hombre, menos en el pecado, para poder así
amar en nosotros lo que amabas en él. Con su obediencia has restaurado aquellos
dones que por nuestra desobediencia habíamos perdido. Por eso, ahora nosotros,
llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos diciendo.
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has querido reunir de
nuevo, por la sangre de tu Hijo y la fuerza del Espíritu, a los hijos dispersos
por el pecado; de este modo tu Iglesia, unificada por virtud y a imagen de la
Trinidad, aparece ante el mundo como cuerpo de Cristo y templo del Espíritu,
para alabanza de tu infinita sabiduría. Por eso, unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría.
Los apóstoles,
cimientos de la Iglesia y testigos de Cristo
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque cimentaste tu Iglesia sobre la roca de los Apóstoles, para que ella
fuera en el mundo signo permanente de tu santidad y anunciara a los hombres tu
mensaje de salvación. Por eso, con todos los ángeles y llenos de profunda
devoción, te alabamos ahora y siempre diciendo:
Los apóstoles,
pastores del pueblo de Dios
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso, Pastor eterno.
Porque no abandonas
nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos apóstoles, lo proteges y
conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos
pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio.
Por eso, con los
ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el
himno de tu gloria:
En verdad es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar
tu gloria en la (conmemoración, solemnidad, veneración) de Santa María, siempre
virgen.
Porque ella concibió
a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo y, sin perder la gloria de su
virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor
nuestro.
Por él, los ángeles y
los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en
común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu
alabanza:
EL UNIVERSO
RESTAURADO EN CRISTO
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
A quien hiciste
fundamento de todo
y de cuya plenitud quisiste que participáramos todos.
Siendo él de
condición divina
se despojó de su rango,
y por su sangre derramada en la cruz
puso en paz todas las cosas;
y así, constituido Señor del universo,
es fuente de salvación eterna
para cuantos creen en él.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo,
Santo...
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno,
que por amor creaste al hombre,
y, aunque condenado justamente,
con tu misericordia lo redimiste,
por Cristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria,
unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos
a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo,
Santo...
ALABANZA A DIOS QUE
NOS CREÓ Y NOS HA CREADO DE NUEVO EN CRISTO
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno.
Porque has querido
ser,
por medio de tu amado Hijo,
no sólo el creador del género humano,
sino también el autor generoso
de la nueva creación.
Por eso,
con razón te sirven todas las criaturas,
con justicia te alaban todos los redimidos
y unánimes te bendicen tus santos.
Con ellos, unidos a
los ángeles,
nosotros queremos celebrarte
y te alabamos diciendo:
Santo, Santo, Santo...
NUESTRA MISMA ACCIÓN
DE GRACIAS ES UN DON DE DIOS
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno.
Pues aunque no
necesitas nuestra alabanza,
ni nuestras bendiciones te enriquecen,
tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias,
para que nos sirva de salvación,
por Cristo, Señor nuestro.
A quien alaban los
ángeles y los arcángeles,
proclamando sin cesar:
Santo, Santo,
Santo...
PROCLAMACIÓN DEL
MISTERIO DE CRISTO
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque, unidos en la
caridad,
celebramos la muerte de tu Hijo,
con fe viva proclamamos su resurrección,
y con esperanza firme anhelamos su venida gloriosa.
Por eso,
con todos los ángeles y santos,
te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo,
Santo...
EL MISTERIO DE
Este prefacio, tomado
de la Plegaria eucarística II, se dice en las misas que carecen de prefacio
propio y no deben tomar un prefacio del tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias, Padre santo,
siempre y en todo lugar,
por Jesucristo, tu Hijo amado.
Por él, que es tu
Palabra, hiciste todas las cosas;
tú nos lo enviaste
para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo
y nacido de María la Virgen,
fuera nuestro Salvador y Redentor.
Él, en cumplimiento
de tu voluntad,
para destruir la muerte
y manifestar la resurrección,
extendió sus brazos en la cruz,
y así adquirió para ti un pueblo santo.
Por eso,
con los ángeles y los santos,
cantamos tu gloria diciendo:
Santo, Santo,
Santo...
CRISTO, HUÉSPED Y
PEREGRINO EN MEDIO DE NOSOTROS
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo
darte gracias,
Señor, Padre santo,
Dios de la alianza y
de la paz.
Porque tú llamaste a
Abrahán
y le mandaste salir de su tierra,
para constituirlo padre de todas las naciones.
Tú suscitaste a
Moisés para librar a tu pueblo
y guiarlo a la tierra de promisión.
Tú, en la etapa final
de la historia,
has enviado a tu Hijo,
como huésped y peregrino en medio de nosotros,
para redimirnos del pecado y de la muerte;
y has derramado el Espíritu,
para hacer de todas las naciones un solo pueblo nuevo,
que tiene como meta, tu reino,
como estado, la libertad de tus hijos,
como ley, el precepto del amor.
Por estos dones de tu
benevolencia,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos con gozo el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
JESÚS, BUEN
SAMARITANO
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo. Especialmente es recomendable usarlo en el domingo XV del tiempo
ordinario del año C y el lunes de
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo
darte gracias
y deber nuestro alabarte,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno,
en todos los momentos y circunstancias de la vida,
en la salud y en la enfermedad,
en el sufrimiento y en el gozo,
por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida
terrena, pasó haciendo el bien
y curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como
buen samaritano,
se acerca a todo hombre
que sufre en su cuerpo o en su espíritu,
y cura sus heridas con el aceite del consuelo
y el vino de la esperanza.
Por este don de tu
gracia,
incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor,
vislumbramos la luz pascual
en tu Hijo, muerto y resucitado.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos a una voz
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Este prefacio se dice
en las misas que carecen de prefacio propio y no deben tomar un prefacio del
tiempo.
V. El Señor esté con
vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el
corazón.
R. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y
eterno.
Tú eres el Dios vivo
y verdadero;
el universo está lleno de tu presencia,
pero sobre todo
has dejado la huella de tu gloria
en el hombre, creado a tu imagen.
Tú lo llamas a
cooperar con el trabajo cotidiano
en el proyecto de la creación
y le das tu Espíritu
para que sea artífice de justicia y de paz,
en Cristo, el hombre nuevo.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos con alegría
el himno de tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…